Entran dos tipos a la habitación, uno la sostiene fuertemente de los brazos azotándola contra la pared, ella se encuentra muda, pervertida, la azota una y otra vez, ella solo gime, murmura no se que palabras al interior de su boca, muerde su labio inferior, y pasa saliva, poco después llega el segundo tipo y lame por entre sus orejas lentamente, la recorre toda con la lengua, recreando sobre sí, la silueta antes dibujada.Ella lucha con dos sensaciones, la tierna y la ruda, la que la excita con un poco de crudeza desvirginal, y la que la insita a ser virgen otra vez,
Santa y pura para el que le entrega su cuerpo en estos momentos.
Santa y pura para el que le entrega su cuerpo en estos momentos.
De pronto se detiene todo, el rudo, la hace girar y la arroja hacia el suelo como si quisiera ahogarla entre las sabanas que muy pronto se mancharan de rojo y dejaran de colgarse en su ventana.
Ella vuelve a gemir, dos, tres, cuatro veces.
Y él la devora cada vez más rápido acelerando su ritmo cardiaco, el de ella y el de él.
Y él la devora cada vez más rápido acelerando su ritmo cardiaco, el de ella y el de él.
Juguetean el uno con la otra y con el otro. Que no se queda atrás y la toma de los pies la sigue lamiendo como quitándole la piel extra de se cuerpo, y desnudándola ahora sí, por completo, lame y sigue subiendo, sigue subiendo tan lento y tan rápido, que ella no se da cuanta cuando ya a llegado a su sexo, excitada doblemente por dos manos que se introducen en su vientre, por dos, miembros que terminan por guardarse en distintos tiempos a la hora del sueño nocturno.
Descansan a su tiempo, como dos bebes dentro de su cuna.
Ellos le demuestran que pueden hacer más con sus manos, con sus labios, con el ser que van soltando una y otra vez al penetrarse en su resguardo.
Ellos le demuestran que pueden hacer más con sus manos, con sus labios, con el ser que van soltando una y otra vez al penetrarse en su resguardo.
El hombre aquel que la sostiene ahora, es el tierno, que la mantiene frente a frente, entre almohadones y empieza por besarle los ojos que se van cerrando al paso de sus labios, baja por su mejilla dibujando un corazón en su rostro, recorre su cuello, que se mueve, y tiembla y siente el paso del aire, de la saliva de ella, y ella extendida con los brazos abiertos, sigue murmurando sus palabras hacia dentro, hacia su garganta, él sigue besándola menudamente, se divide los besos para tocar a la vez sus dos pechos de seda y rosas, rectos, firmes, más duros que antes y desbordados por su cuerpo, por los lados, tratando de tocar el suelo sin dejar de mirar hacia lo alto, cada vez más alto. Más rojos, como chapitas en un día calurosamente asoleado, pareciese que en esta noche el sol sea el que la posee, por lo caliente que se encuentran los cuerpos, por lo mojados que se perciben al agitado movimiento, baja, sigue recorriendo, sin dejar sus labios separados de su vientre, tembloroso, cual terremoto en plena noche de descubrimientos.
Y entonces, se encuentran labios con labios, besa su pubis, entre sus piernas, mientras las manos del otro, de aquel que ya mencionamos contrario a éste, la toma de los senos y los gira con un movimiento tan detallado, que rompe en un grito, que más de terror se convierte de placer, mezclado con su excitada respiración. Uno la besa, otro la forcejea, y el primero se despide de su
tiempo, dejando su marca por entre las piernas de ella que eriza su piel como gallina.
tiempo, dejando su marca por entre las piernas de ella que eriza su piel como gallina. Y el rudo, mientras que el otro se despide, va bajando lentamente su mano hasta penetrar sus dedos en la extensa imaginación, del que lo piense.
Grita, llora lentamente y sin esfuerzos, se le ven salir una lagrimas que más que dolor le recuerdan que esta viva, que siente, que puede revivir el momento con su fantasma.
Y ella sigue ahí, recostada, y vuela, se levanta
sin perder su posición, se levantan los dos al llegar al punto en que los mares se desbordan dentro de ella, y la consumen repartiéndose los ruditos y los tiernitos, jugando carreras para ver quien llega primero, en ese momento se bajan de su nube y se ven encontrados nuevamente en el interior de un cuarto oscuro como su ojos, tenuemente iluminados por las luces de la calle que entran y salen a su gusto, acariciados por el viento frío que lucha con el calor que expulsan ambos bultos recostados.Y ella se queda y él se va junto con el tierno y el rudo que lleva en su interior.

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